La Acción Climática, ¿Está enlazada a la Nueva Agenda Urbana?

Hoy en día, de acuerdo al Banco Mundial, la tasa de población urbana es del 53% y el número de personas que habitan las ciudades crece en alrededor de 73 millones al año. En las últimas semanas la esfera internacional no ha dejado de girar, al contrario algunos eventos que vehiculizan los esfuerzos hacia un desarrollo más humano y sostenible van transcurriendo.

En particular la Organización de las Naciones Unidas celebró, en Ecuador en octubre, “Hábitat III” que fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible. En esa reunión se dio a luz a la Nueva Agenda Urbana (NAU), que promueve las ciudades con una función social y que provean del derecho a proporcionar una vivienda digna a sus habitantes.

Este nuevo acuerdo internacional posibilitará el crecimiento de ciudades participativas, que faciliten un robusto sentimiento de pertenecer,  y con preeminencia en los espacios públicos verdes, seguros, accesibles e inclusivos. Además, el empoderamiento de las mujeres y niños, la igualdad de género y la respuesta a los desafíos y oportunidades del presente y el futuro, como por ejemplo al cambio climático. Este texto describe al menos cuatro características que deberían adoptar las ciudades para convertirse en sostenibles:

  • Conexión: Mediante la promoción del transporte público y los medios apropiados para gestionar vínculos simples, rápidos y sobre todo energéticamente eficientes.
  • Solidez: urbanización sostenible con edificaciones en altura y en torno a los medios de transporte.
  • Integralidad: se busca conseguir ciudades que sean independientes del automóvil y se promueva el uso del transporte público y otros medios que emitan menor cantidad de gases de efecto invernadero (GEI).
  • Inclusión: es decir que impidan la marginalización y se manejen bajo valores de justicia, diversidad social y cultural.

¿Qué vínculo hay entre la Nueva Agenda Urbana y el Cambio Climático?

Las mediciones de GEI arrojan que las ciudades generan aproximadamente un 70 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, mayoritariamente a través de la “quema” de combustibles fósiles para producir energía y con el objeto de transportarnos. Muchos pueden recordar que en diciembre del 2015 durante la COP 21 se firmó el Acuerdo de París. Ya se ha transitado un año y en estos días se está llevando a cabo en Marruecos la vigésima segunda Conferencia de las Naciones Unidas en Cambio Climático, comúnmente conocida como COP 22. Allí, los líderes transitan un nuevo espacio donde continúan realizando esfuerzos por fortalecer la acción en mitigación y adaptación en todos los países antes del 2020 y brindar asistencia para la acción nacional con el objetivo de materializar las contribuciones climáticas (NDCs). Asimismo el apoyo financiero, tecnológico y en materia de construcción de capacidades antes y después del 2020, son temas que no escapan de la discusión.

Además en la COP22 se busca una mayor concreción en acciones y proyectos para sectores como el agua y la construcción de ciudades sostenibles, pues como se mencionó con anterioridad en las ciudades es donde sobreviene la mayor emisión de GEI.

Si el Acuerdo de París promete que la temperatura media debe estar “muy por debajo” de los 2° con los mayores esfuerzos hacia 1.5°, y también se conoce que la temperatura del planeta aumenta a medida que aumentan las emisiones de GEI, y no pecamos de ignorancia en que más del 70% de GEI se emite en ciudades, entonces ¿no son éstas un espacio donde se deben concentrar los esfuerzos? Claro que sí, y lo importante es que la Nueva Agenda Urbana constituye un paso enorme y un soporte fuerte para lograr un impacto positivo y apostar por la mitigación y adaptación del cambio climático. Las ciudades sólo a través de sus gobiernos no podrán hacer frente a tal desafío, para esto los negocios, los inversores y los ciudadanos deben ofrecer una colaboración intrínseca.

Una alternativa para colaborar es compartir el conocimiento. De este modo se comunican las mejores prácticas y así  las ciudades y compañías aprenden unas de otras, alinean prioridades y coordinan acción. El primer impacto visible es la reducción de los costos para crear programas y proyectos vinculados a la mitigación y adaptación al cambio climático.

El vínculo entre la Nueva Agenda Urbana y el cambio climático es plenamente taxativo, pues la acción climática requiere de ciudades más ordenadas, planificadas y eficientes.

Publicado en Lucidez

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