Una pausa


Pausa.: espacio temporal en el que el movimiento o acción se ve interrumpido.


Hace un par de semanas, descubría que muchas cosas no tenían sentido. Que el mundo girara entorno de tener y no de ser, por ejemplo. Pero entre todos esos descubrimientos, algo que no tenía sentido en mi vida era que no presionara el botón “pausa” para compartir ese intervalo temporal con personas que me hacen recordar que hay que vivir.

Cuando nos dicen que hay que limpiar la vida de “toxicidad”, simplemente tenemos que buscar esa cosa o persona que nos encauce hacia la alegría.

La “pausa” me llevó a descubrir que un amigo me hacía reir y sentirme identificado en tal medida que el júbilo volvía como en un carruaje tirado por un caballo blanco al galope. Me di cuenta que, de tantas historias que tengo, puedo hacer que dos amigas esperen a que regrese para que les cuente la nueva aventura transcurrida en mi caminar. Observé que otra amiga espera a que llegue para contarme lo lindo que le ocurrió en su día o que otra me enviaba un mensaje para reirse conmigo de la situación graciosa del día. Y también reparé que un mate o un café hacen que el mundo de otra persona sea diferente. Además que la pintura y la escritura era otra forma de eliminar la toxicidad de mi vida, por eso comencé este blog.

Estamos en un momento en el que la “teoría de vínculos y engranajes”, que creé en la academia en el marco de mi tesis de grado, debe funcionar para hacer que los piñones internos funcionen y produzcan el vapor de la locomotora de la felicidad que lidera los vagones de la vida.

Es momento de nutrir las relaciones, en este mundo tan frío y poco amigable. Es momento de reir sin parar. Es el momento de correr detrás de lo que te hace un poco más feliz y te hace olvidar que el ruido que se siente en la cabeza, no es más una parte de vivir la vida.


Recuerdos: La pausa libera.


 

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